Modelo educativo es una representación organizada coherentemente por
un cúmulo de intangibles, arreglados en un esquema teórico que funciona como
arquetipo y ejemplar. El modelo brinda la unidad e identidad de todo el
sistema, y se constituye en una guía para los planeadores, directivos, maestros
y alumnos.
Decía
Ortega y Gasset (1976) desde 1930 que “este personaje medio es el nuevo bárbaro
retrasado con respecto a su época, arcaico y, primitivo en comparación con la
terrible actualidad y fecha de sus problemas. Éste nuevo bárbaro es
principalmente el profesional, más sabio que nunca, pero más inculto también
-el ingeniero, el médico, el abogado, el científico-… Y lo mismo diría de quien
no poseyese una mente medianamente ordenada de los grandes cambios históricos
que han traído a la humanidad hasta la encrucijada de hoy (Todo hoy es una
encrucijada). Y lo mismo de quien no tenga idea alguna precisa sobre cómo la
mente filosófica enfronta al presente su ensayo perpetuo de formarse un plano
del Universo o la interpretación que la biología general da a los hechos
fundamentales de la vida orgánica… Es preciso que el hombre de ciencia deje de ser
lo que hoy es con deplorable frecuencia: un bárbaro que sabe mucho de una sola
cosa”.
La Dimensión Conceptual de modelo
necesariamente traza un eje articulador de lenguaje que indica en un documento
los términos utilizados, tras un proceso de análisis donde éstos se depuran y
se llenan de contenido etimológico pertinente.
La Dimensión Física del modelo es más
pragmática, pero no menos importante, y tiende a la definición de los espacios
geográficos e intelectuales que cubrirá el modelo previsto. Aunque su carácter
es adjetivo con respecto a la humana y la conceptual, no es menos importante.
A partir de los primeros conceptos de las
dimensiones, permiten concentrar la atención en los componentes del modelo en
lo filosófico, lo académico y en el modo organizacional previstos.
El componente filosófico viene a ser una
suerte de síntesis de los principios, los valores, las creencias y las
orientaciones que rigen la misión y la visión, lo teleológico del sistema
educativo, sus fines académicos y sociales. Los primeros fines hacen referencia
al ámbito del capital humano y el capital intelectual involucrados en la
escuela, en tanto que los segundos lo hacen hacia las tendencias y realidades
del medio educacional y las formas de actualización del conocimiento humano.
Derivado del componente filosófico, es
necesario desplegar a plenitud el componente académico, fundamentalmente
centrado en el acto educativo y sus actores. El acto o hecho educativo
tradicional enfatiza la centralidad de los modelos en los contenidos, y por lo
tanto, su eje fundamental se ubica en la docencia como función sustantiva, y su
preocupación, en cómo transmitir conocimientos para que puedan ser aprendidos
por el estudiante.


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